Siempre llegan palabras sinceras

Los que tienen palabras son los que más sufren

Siempre hablamos de los efectos negativos de retener las emociones en relación con la salud. Y es verdad: si no se expresan correctamente, la energía contenida en ellas se estanca en nosotros y puede dar lugar a trastornos mentales y físicos (como ansiedad, pánico, dolor de cabeza, gastritis, etc.). Pero poco se dice sobre el daño que esta actitud hace a la vida de relación. Muchas personas casi no expresan sus emociones a los demás cuando las sienten. Por muchas razones: el miedo al juicio, una forma de modestia muy arraigada, un antiguo hábito de “mantenerse dentro”, por miedo a ser inapropiado. Esto concierne tanto a las emociones positivas como a las negativas (pero especialmente a estas últimas).

Otros no entenderán cómo nos sentimos

En cualquier caso, el resultado es nunca informar a otros sobre cómo eres, es decir, no proporcionarles la información que necesitan para entender quién está frente a ellos y tomar nota de su estado de ánimo. Quien siempre se reprime, en la práctica quita al interlocutor la posibilidad de actuar de manera adecuada a la situación y también, si es necesario, de adaptarse, de tener en cuenta esas emociones que, si las hay, son evidentemente importantes y constituyen la verdad de esa persona en ese momento.

Una buena comunicación detiene los informes falsos

Esto no significa que tengas que tirar todo tu mundo interior en cada oportunidad, sino que hay emociones que deben ser expresadas porque son esenciales para la buena salud de las relaciones. La consecuencia de mantenerlo todo dentro, de hecho, es que con el tiempo la persona se rodea de un mundo que no es para ella: parientes, amigos y conocidos que se han calibrado con el tiempo a lo que han visto, es decir, poco o nada y en todo caso no a lo que la persona siente. Un mundo de personas que piden lo que no se debe pedir, que pasan por alto su sensibilidad, que ignoran sus necesidades. Un mundo que no está en absoluto en sintonía con sus necesidades reales y sus características psicológicas y que, por lo tanto, causa una fuerte frustración. “Nadie me entiende, todo el mundo finalmente me aplasta. ¿Qué debo hacer?”. La respuesta es simple: muéstrale tu verdadero yo y tus verdaderas emociones. Verás que lo tengan en cuenta.

Qué hacer

– No esperar

No esperes que alguien se moleste en investigar cuáles son tus verdaderas emociones y lo que estás pensando. Primero porque casi nadie lo hará, luego porque quienquiera que lo haga puede malinterpretarlo, y finalmente porque te harás adicto a esa única persona que “te entiende” y nunca saldrás del capullo.

– Pruébelo usted mismo

La falta de disposición para expresar emociones puede resolverse con una especie de preparación “en casa”. Sugiera lo que no pudo expresar, piense en ello, elabore el problema y prometa la próxima vez manifestar lo que siente. A veces es sólo una cuestión de ejercicio: entrenado para trabajar de forma más fluida y directa.

– Encontrar nuevos amigos

Es importante buscar nuevas líneas de amistad con las que puedas tratar inmediatamente de presentarte de una manera más abierta y espontánea. Cuanto más los vives, más confías en ti mismo para poder ser tú mismo en circunstancias siempre cambiantes.

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