Siéntete como en tu casa, ¡ya verás qué autoestima!

Se dice que el gran pintor Rubens sólo podía pintar después de usar un vestido muy elegante. Antes de empezar a trabajar, se dio un largo baño purificador, luego se puso el vestido más solemne, la mejor peluca, en algunos casos incluso la espada con la empuñadura de oro. Sólo entonces se acercó al lienzo y comenzó a pintar sus visiones. “Pero si nos preparamos nunca seremos espontáneos, no seremos como la abeja, que hace miel naturalmente”, objeta el sentido común. Rubens habría respondido: “No sé lo que voy a pintar primero, no sé qué colores y líneas va a dibujar mi mano. No lo sé, pero me estoy preparando para recibirlos.

Las cosas suceden sin su intervención

Hay que prepararse no para algo, no para alguien, sino para que el rito ponga entre paréntesis lo que uno piensa que es y abra las puertas a la espontaneidad. Cuando sales en tu primera cita con alguien que te gusta, ¿no te pones la mejor ropa? ¿Quién sería desaliñado al respecto? Nadie. Es la misma actitud que tienes que tener hacia la vida: prepárate, hazte bella para ella. Es decir, deshazte de tu ropa mental habitual y ponte en la condición de esperar. ¿Esperando qué? Tú no lo sabes. De hecho, no tienes que saberlo. La energía de la vida está preparando tu camino, pero si tratas de conocerla terminarás superponiendo tus ideas, tus intenciones, tus metas y lo complicarás todo. Te pones en un estado de expectativa ansiosa porque la vida debe fluir a través de ti, estando a gusto. No debe encontrar obstáculos. Te embelleces porque, al prepararte, en la laboriosa espera de algo que no sabes lo que es, entras en un estado de conciencia en el que las cosas suceden dentro de ti sin que tú seas el protagonista. Hazlo como si estuvieras en una “dulce expectativa” y la energía de la vida, que lo sabe todo sobre ti, te llevará a donde necesitas ir. Y la desestima se desvanecerá.

Dos pequeñas cosas que hacer (que cambian tu vida…)

– Por la mañana: no le diga lo que se supone que debe suceder, no haga planes mentales, no se dé objetivos. Observa tu día como un misterio fascinante y prepárate cuidadosamente, como si fueras a conocer a un misterioso príncipe.

– Por la noche: no hagas balance de lo que te ha funcionado y de lo que te ha decepcionado: sólo sirve para fijarlos en ti. Toma un largo baño y luego prepárate para la noche, imaginando que un dios vendrá a visitarte mientras duermes.

Si intentas corregirte lo arruinas todo

“¿Cómo puedo creer más en mí mismo? ¿Cómo me hago más fuerte?”. Este es el mayor error que podemos cometer con nosotros mismos, la causa de todas nuestras molestias. Está tan extendido que no nos damos cuenta, nos parece normal. La autoestima no es cada vez más fuerte: ¿qué hago con “más fuerza”? Es una idea artificial, una idea superficial. Ningún ser en la naturaleza aspira a tener más fuerza de la que necesita, ningún ser vivo tiene el problema de hacer más de lo que sabe hacer, o hacerlo mejor. ¿Alguna vez has visto a una abeja ir al psicólogo y rogarle: “¡Por favor, ayúdame a mejorar la miel! La abeja es la abeja, ya sabe cómo hacer miel. Y tú eres tú y ya tienes todo lo que necesitas para “ser tú”. ¿Por qué querrías más? También porque, con todos los esfuerzos que puedes hacer para mejorar o cambiar, nunca tendrás nada más de lo que necesitas y ya tienes. La autoestima no viene si tratas de ser más fuerte, viene si debilitas cada vez más lo que crees que eres y así permites que la energía de la vida, que siempre sabe lo que necesitas, actúe… ¡a través de ti!

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