Sueños: inteligencia nocturna

¿Qué son los sueños?

En el sueño, el espacio y el tiempo pierden su valor habitual, las leyes de la lógica se relajan y dan paso a una infinita libertad de expresión gracias a la cual el sueño se acerca a un producto creativo. Pero, ¿qué son los sueños y por qué soñamos? El tema siempre ha fascinado al hombre.

Según la neurobiología, los sueños son una forma única que nuestro cuerpo utiliza para mantener el cerebro “entrenado”. Según las tradiciones antiguas, los sueños son mensajes enviados por los dioses. Para la psicología y en particular para el psicoanálisis, el valor de los sueños reside sobre todo en su dimensión simbólica más que energética. Los sueños serían la expresión de pensamientos y sentimientos que evitamos durante el día, pero que emergen en los sueños aunque estén disfrazados, porque de ellos seguimos defendiéndonos.

Sigmund Freud: los sueños son deseos inconscientes

Según Freud, fundador del psicoanálisis, los sueños son la expresión de deseos eliminados, es decir, una forma inconsciente de expresar nuestros impulsos sexuales y agresivos que son censurados por la conciencia porque son considerados moralmente peligrosos. Freud fue el primero en utilizar la interpretación de sueños como herramienta terapéutica. Gracias a esta técnica, que aún hoy se utiliza, sería posible acceder al inconsciente, al material extraído para poder analizarlo y reelaborarlo.

Carl G. Jung: los sueños nos pertenecen a todos

Jung, el fundador de la psicología analítica, es muy diferente del enfoque de Freud. Para Jung, los sueños son la expresión de un “inconsciente colectivo”, es decir, de esa herencia de símbolos e imágenes “arquetípicas” (es decir, primordiales y pertenecientes a la especie) que todos los hombres comparten. Su fuerza reside en ser portadores de un conocimiento profundo e iluminador, capaz de transmitir sabiduría y energía.

Sueños: visión psicosomática

Para explicar el punto de vista psicosomático de los sueños, necesitamos recurrir a una comparación un poco `extraña, pero fascinante: la que hay entre el huevo y el cerebro, o entre el huevo y la caja craneal del hombre. Como el huevo está compuesto de tres partes, una interna, otra en el centro y otra en la superficie, así el cerebro produce a partir de tres “estaciones” diferentes, tres tipos diferentes de sueños. Hay sueños de la cáscara, que se originan en la caja craneal, la pared que protege el cerebro. Estos son sueños de desecho, que eliminan toda la información inútil que se absorbe durante el día y que eventualmente inundaría la mente. Cuando se nos ocurre, por ejemplo, retrazar en nuestro descanso nocturno la pelea que hemos tenido recientemente con nuestra pareja, nos enfrentamos precisamente a este tipo de sueños.

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Hay otros sueños más “nutritivos”, que se llaman “los sueños de la clara de huevo”. Nacen en la materia gris, un lugar de reelaboración de la experiencia a un nivel más general. Estos son los sueños que nos confrontan con los nudos no resueltos de nuestra existencia, con las decisiones a tomar, o que consideran el camino que hemos recorrido hasta ahora como un presupuesto. A menudo estos sueños nos hacen adivinar soluciones que no habíamos pensado en situaciones personales, o arrojar una nueva luz sobre nuestra experiencia diaria. En esta categoría se incluyen todos los sueños en los que aparecen los símbolos más clásicos: ratones, arañas o serpientes, ascensores y escaleras, terremotos, tormentas e incendios, príncipes, brujas, hadas y viejos sabios, o paseos sobrevolando la ciudad, en lugar de “caídas libres” del vértigo. Los sueños de la clara de huevo también incluyen los que se repiten.

Finalmente hay sueños que nacen del centro del cerebro (la zona hipotálamo-hipófisis). Son los “sueños de la yema”, en los que nuestro proyecto personal, nuestra identidad de “especie”, se nutre de la energía procedente de imágenes arquetípicas y colectivas, como sucede por ejemplo en los llamados sueños premonitorios. El caso más común es el de soñar con una persona lejana de la que, poco después, recibimos regularmente noticias. Son sueños a través de los cuales nos enfrentamos a una zona arcaica, la memoria original del hombre conservada en las profundidades de la biología, una especie de antiguo “conocimiento natural”, que nos permite establecer analogías y conexiones totalmente imposibles utilizando la racionalidad normal propia del estado de vigilia.

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