Superamos el miedo a la soledad

El sentido de vacío y soledad es el mal oscuro de nuestro tiempo. Pero esto no significa que la soledad sea una condición negativa, al contrario. Es necesario, sin embargo, comprender bien cómo hay que “relacionarse” con esta condición de existencia. No tienes que estar solo para ser mejor persona; la soledad no sirve de nada si haces preguntas o buscas respuestas. Por el contrario, esta condición, si se acoge con los brazos abiertos, nos “da” esa sensación de vacío que nos cuida, que nos regenera…

¡Qué miedo de estar solo!

Michela, una de nuestras lectoras, tiene cuarenta años y nos dice: “Todavía no he aprendido a estar sola. Me doy cuenta de que hago todo lo que puedo para mantenerme ocupado: más bien llamo a mis amigos por teléfono o invento un pasatiempo para estar ocupado y no estar solo sin nada que hacer. La solución a lo que nos cuenta Michela viene de una antigua historia china: “El Emperador Amarillo, durante un viaje al campo, perdió su maravillosa perla, la más preciosa, y ordenó a la Razón que la encontrara, pero no consiguió nada. Entonces ordenó a la Magia que lo encontrara, pero en vano. Lo mismo que hizo con el Poder Supremo, pero nada. Finalmente, le pidió la Nada, y la Nada se la hizo a él. Esta historia nos enseña que el miedo que tenemos a estar solos viene dado por la creencia de que nos encontraremos con quién sabe qué monstruos o enemigos internos y que no hay nada que encontrar. En realidad, es la Nada la que nos devuelve la perla, el alma, la que nos hace perder las convicciones, los pensamientos y la razón.

Pasar por alto el “nada interno” sin buscar respuestas

Sólo aprendiendo a dejar que el vacío dentro de nosotros y dejar que él lo haga, nos daremos cuenta gradualmente que la soledad nos llama, nos busca. Haciéndonos amigos de ella, dejaremos de llenarla de algo. De esta manera entraremos en un espacio donde no hay preguntas que hacer ni respuestas que dar, sino que basta con estar en silencio, conscientes, sin pensamientos, sin palabras y sin juicios. El verdadero silencio cura todos los males del alma por sí solo, nos permite mirar dentro de nosotros mismos y comprender quiénes somos realmente. Sólo así se puede llegar a la libertad y a la alegría. La verdadera naturaleza está oculta en la parte misteriosa y oscura de cada uno de nosotros, y tiene espacio, al menos tratamos de superarla con juicios y palabras.

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