¿Superar la claustrofobia? Se hace así

“Claustrofobia” es una palabra compuesta que proviene del latín claustrum “lugar cerrado” y del griego phóbos “miedo”, indicando un fuerte miedo a estar en espacios cerrados o estrechos. Según la clave de la lectura psicosomática, esta fobia revela en realidad una fuerte necesidad de libertad y voluntad de hacer, bloqueada por inseguridades y sentimientos de insuficiencia o incapacidad . La historia que se cuenta a continuación es un ejemplo de ello.

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La claustrofobia afecta la vida diaria

Fiona, una mujer de 40 años, sufre desde hace mucho tiempo una fuerte claustrofobia, que no le permite, por ejemplo, viajar en coche sin compañía o en ascensor. Incluso cuando tiene que salir con sus amigos, si está sola en el coche, no puede conducir y siempre debe pedir a su marido que la acompañe, lo que alimenta su decepción. No quiere tener que renunciar a sus pasatiempos y amistades, por lo que el ambiente familiar se vuelve cada vez más tenso. Después de haber probado otras soluciones en vano, Fiona, exasperada, decide iniciar una psicoterapia psicosomática.

Aceptar la claustrofobia es esencial para poder deshacerse de ella

Durante las primeras sesiones Fiona dice que la claustrofobia la ha acompañado durante casi toda su vida y que probablemente el hecho de haber sufrido dos accidentes de coche mientras conducía sola y estar atrapada en el ascensor cuando era niña sólo ha empeorado este estado emocional.

Contrariamente a sus expectativas, el psicoterapeuta le aconseja, en lugar de huir de su miedo, que lo afronte, paso a paso, a través de su imaginación. Según la psicosomática, es necesario aceptar plenamente la incomodidad sentida para permitirle llevar a cabo su auténtica función, que no es la de hacernos “vivir” en la incomodidad, sino la de redescubrir nuestra autenticidad.

Así, guiada inicialmente por el psicoterapeuta y luego poco a poco más y más autónoma, Fiona empieza a imaginar la situación que más la bloquea: estar sola en el coche mientras conduce por un camino desconocido y oscuro. Ni siquiera tiene un destino, pero sigue conduciendo por el único placer de hacerlo. Como se imagina, una sensación de bienestar la impregna y al final la escena oscura se convierte en un hermoso parque iluminado donde se detiene con su coche y logra admirar la naturaleza y la paz que la rodea.

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Disfrute del viaje a su destino

A lo largo de las semanas, Fiona ha sentido, sin obstaculizar el flujo, la angustia que sentía por los espacios cerrados y estrechos y ha imaginado conducir sola en diferentes situaciones. Al final, intentó volver al mundo real y conducir por un camino desconocido. Fiona logró su propósito y también de una manera agradable, sin el temor de no poder afrontar las situaciones que forman parte de su vida y dejarse libre de nuevo para expresarse y vivir sin bloqueos ni compromisos.

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