Superar la tristeza dándole espacio

Es como si nos despertáramos y nos diéramos cuenta de que no estamos en nuestro lugar habitual de trabajo, ni en el tranvía para ir de compras, ni en el coche para recoger a nuestros hijos de la escuela. No, estamos en un lugar que sólo existe en nuestras mentes: un lugar frío, hostil y terriblemente melancólico, una melancolía que ha entrado en nuestros huesos. Es la señal. La tristeza viene desde hace tiempo, pero sólo la hemos notado ahora: y es un viento que nos deja sin sentido. Nos preguntamos: “¿Pero por qué? Esta mañana todo estaba bien, pero ahora estoy de buen humor bajo mis talones”.

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A veces la tristeza viene inesperadamente

Pensemos en la noche que nos espera: con la familia, con los niños, con los amigos…. Pero nada, sólo queremos sumergirnos en el lugar donde estamos. Pero, ¿qué ha pasado? Volvamos al día anterior y, laboriosamente, identificamos un elemento, un factor desencadenante: tal vez es una grieta mal digerida en el trabajo, una llamada telefónica que no ha llegado, una palabra de más que dijimos…. Pero no estamos tan convencidos: sí, esos hechos han ocurrido, pero como todos los días, y no reaccionamos así. Normalmente hacemos lo que hacemos y lanzamos directamente. Hoy, sin embargo, nada: todo parece irremediablemente triste, inútil….

Acepta tus estados de ánimo tal como son

Si te has reconocido en este retrato, si tú también eres parte de la gran mayoría de las personas que viven momentos de profunda tristeza y, aparentemente, infundados, hay una cosa que debes saber: todo se juega en este momento, en este primer momento en que te das cuenta de que algo ha sido tomado. Puedes convertir este acontecimiento en un “regalo del alma”, o en un pequeño drama, capaz de desencadenar mecanismos mentales que se prolongan durante años. Veamos juntos cómo.

Si usted ahuyenta la tristeza, desperdicia su potencial

“Oh, Dios mío, ¿qué hago ahora? Tengo que reaccionar, tengo que hacer algo!”. Cuando llega la tristeza, normalmente pensamos que tenemos que reaccionar. Tratamos de luchar contra ella, de silenciarla, de reemplazarla por otra cosa. Incluso si en este momento tenemos éxito, usando la televisión o alguna otra distracción “divertida”, al final tenemos una amargura interior aún más indefinible, que volverá a ser más fuerte la próxima vez. Si, por otro lado, no podemos sacarlo, desencadenamos un círculo vicioso de quejas, recriminaciones, culpa, vergüenza…. “¿Por qué estoy hecho así?” Como si ser lo que eres fuera una enfermedad!

Si los obstáculos no devuelven las energías enterradas a la superficie

En vez de preocuparnos y pelear con ella, podemos… rendirnos. Dejémosla abierta un rato y veamos qué pasa . Si la tristeza ha llegado, significa que el alma la ha producido, que la necesitaba. ¿Y con qué propósito? La respuesta es simple: ¡está aquí para hacernos sonreír de nuevo! Es como si en nuestra vida cotidiana nos hubiéramos olvidado demasiado de nosotros mismos, de nuestro placer, de nuestra alegría. Y así las energías comenzaron a caer, yendo más y más profundo, hacia las profundidades del alma. Hasta que sonó la alarma. “Bajar” es la única manera en que el alma tiene que ir y atrapar esas energías y hacer que resurjan, para hacer que encontremos de nuevo… ¡la alegría!

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