¿Te molesta el dolor de cabeza? Dé espacio a sus manos

El dolor de cabeza afecta a millones de italianos: por un lado con dolores de cabeza ocasionales a los que todos nos enfrentamos, debido al estrés, la ira reprimida, las preocupaciones que se convierten en enredos de pensamientos y tensiones musculares, y que luego se descargan en la espina dorsal de la cabeza; por otro lado con los terribles dolores de cabeza crónicos, que hacen que sea complicado incluso hacer su trabajo. Por lo general, los primeros son tratados con “bombas” de analgésicos, con efectos secundarios incluso graves que tienden a acumularse con el tiempo; con los segundos, sin embargo, incluso las drogas más potentes son inútiles y el sufrimiento se convierte en un compañero de viaje inseparable.

No son sus pensamientos En este artículo queremos hablar de un caso clínico, el cual les contamos unas líneas más abajo, un caso que fue diferente y ganador porque nuestra protagonista, Marcella, tenía una gran intuición: entendía que no hay problemas “sólo físicos” y que la actitud mental es fundamental. Se apoyó en la psicoterapia, gracias a la cual surgió todo lo que había enterrado bajo la alfombra de una racionalidad opresiva: miedos, esperanzas, emociones que se había negado a mirar durante años. Descubrió que cada uno de nosotros no es su pensamiento y también encontró un aliado formidable: sus manos, custodias de su verdadera esencia. Así es como Marcella, la niña que trabajaba con sus manos, “volvió a tomar su vida en sus manos”, dando espacio a su instinto y frenando la tendencia racional a controlarlo todo.

Originalmente una maraña de tensionesEl acercamiento al mundo de los enfermos de cefaleas es exclusivamente mental: confían en el análisis y el autocontrol, se alejan de las emociones y sentimientos, declaran que no hay necesidad de exponerse ni de conmoverse, persisten en resolver todos los problemas con la lógica …. En realidad, es todo menos frío, de hecho, con el tiempo ha desarrollado una racionalidad desbordante para defenderse de una naturaleza emocional y apasionada que teme y no puede dominar. El engrosamiento del dolor de cabeza es, por lo tanto, una especie de “lamento del cerebro”, que pretende liberarse de la camisa de fuerza de los pensamientos, de las responsabilidades y de las preocupaciones que el exceso de racionalidad le ha cosido. Pero ahora lee la historia de Marcella…

Si “tomas tu vida en tus manos”, las gruesas desaparecen Marcella era una niña que confiaba en sus propias manos: pasaba horas en el taller de su abuelo montando y desmontando objetos, arreglando cosas viejas. Le encantaba “comerciar con sus manos”. Hoy Marcella es una mujer de treinta años que se centra en la racionalidad: es la responsable de la administración de una empresa, un mundo de números que domina con meticulosidad, rigor y precisión matemática. Ahora está tan acostumbrada a trabajar sólo con la cabeza que se ha aferrado a su cerebro y vive su cuerpo casi como un apéndice molesto, una fuente de problemas de los que no puede alejarse. Todo está bajo control, hasta que los dolores de cabeza estallan. Dolores insoportables que la han vuelto a poner en contacto con su cuerpo de una manera totalmente inesperada. A las pocas semanas se volvió hipocondríaca, sometiéndose a exámenes médicos sin descubrir nada, hasta el día en que recurrió a un psicoterapeuta. Durante las reuniones, el terapeuta descubre que la verdadera pasión de Marcella no son los números, sino las actividades manuales, hasta el punto de que, a pesar de que puede permitírselo, siempre ha renunciado a su empleada doméstica para llevar a cabo las tareas domésticas por su cuenta. Su sueño secreto, confiesa en terapia, siempre ha sido abrir una granja, donde se puede dar rienda suelta a su creatividad manual en todas sus formas, desde la jardinería hasta la cocina, desde la reparación hasta la construcción. El camino de la recuperación ya está allanado: siguiendo el consejo del psicoterapeuta, Marcella vuelve a partir de su cuerpo y, en particular, de sus manos. Cada día se pregunta qué es lo que sus manos quieren hacer y se da unos momentos sólo para ellas. Poco a poco sus manos vuelven a ser las protagonistas de sus días y es como si estuvieran poniendo su vida en orden! Un efecto de contagio positivo que cambia su enfoque de las cosas, las emociones, las relaciones y crea un recuerdo de dolor de cabeza.

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