¿Te sientes como si estuvieras en un pantano? Haga esto

Todos podemos sentirnos atascados, atrapados en una situación y sin poder seguir adelante. El problema es que bloqueados, casi siempre, estamos enfermos, pero cuanto más intentamos movernos, más nos empantanamos. El pantano puede tomar la forma de una relación marcada por la tensión dolorosa y la primavera; de un lugar de trabajo en el que no nos sentimos valorados; de una familia pendenciera en la que nadie nos escucha. Diferentes áreas acumuladas por la tendencia a recitar el mismo guión cada vez: el amante eternamente engañado, el seductor en serie, el amigo disponible y manipulado por todos. A veces, aunque consigamos liberarnos de las personas y de las situaciones dolorosas, acabamos pasando de la sartén al fuego, volviendo a proponer en otro lugar las dinámicas perversas de las que hemos escapado. Por qué? No se trata del destino o de una simple desgracia, sino de una elección consciente de nuestra alma; es ella quien nos empuja a las fauces del león para enseñarnos algo que insistimos en descuidar, a menudo para inducirnos a reconocer una parte de nosotros mismos que seguimos negando. La negación, de hecho, nos lleva a alejarnos de los aspectos internos que más necesitaríamos integrar, con el resultado de encontrarnos cada vez en el punto de partida, sólo que más frustrados y degradados que antes.

Los problemas nos obligan a invertir la ruta

Casi podríamos decir que tener que seguir el mismo camino una y otra vez es una necesidad del alma . He aquí el sentido de las reiteraciones reveladas: inducirnos a dejar ese estado de renuncia y apatía que nos impide acceder a los estados más auténticos del ser. El aspecto paradójico de tantas molestias es que, al darnos una oportunidad, elegimos la dirección equivocada cada vez. Pensamos que estamos curando el síntoma y no vemos la enfermedad. En los pantanos existenciales siempre nos comportamos de la misma manera; piensan que el problema es externo, ligado a esa persona, a esa relación…. Y cuanto más vivimos proyectados hacia afuera, buscando causas y soluciones a falsos problemas, más nos condenamos a la inmovilidad interior, a repetir indefinidamente el mismo patrón. “Sufro porque no deja a su esposa. ¿Por qué siempre elijo a los hombres casados?”. ¿Y si el alma quiere sacar a relucir tu lado independiente? ¿Si quisiera mostrarte que una relación estable no te interesa? No se trata de combatir una tendencia natural, sino de captar su significado.

Retroceder el “metabolismo mental”

Todos conocemos el metabolismo del cuerpo: ese complejo y refinado conjunto de reacciones químico-físicas que permiten al cuerpo sobrevivir y evolucionar, absorbiendo desde el exterior lo que necesita (con la respiración y la nutrición). Sin embargo, pocas personas saben que la psique, además de influir directamente en este proceso y en nuestro estado de salud, tiene su propio “metabolismo”. Entre los nutrientes indispensables para la mente encontramos: amores, ocasiones, penas, emociones, bellas y malas experiencias . Al igual que el metabolismo corporal, el metabolismo psíquico puede funcionar de forma fluida y dinámica o ralentizarse, acumulando sustancias de desecho: pensamientos recurrentes, lamentaciones, arrepentimientos, remociones y obsesiones; verdaderas toxinas que denuncian una mentalidad rígida e hiperracional, la misma que nos impide liberarnos de las personas y situaciones que nos hacen sufrir. En estos casos, mirar las cosas con ojos diferentes o desde ángulos diferentes, cuestionando en primer lugar nuestras elecciones y creencias, podría ayudarnos a elaborar de una manera nueva muchas experiencias extrayendo la lección correcta de cada una de ellas. Sólo entonces podremos nutrir la mente con los mejores ingredientes hasta que encontremos la fuerza para tomar finalmente las decisiones correctas.

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