¿Te sientes vacío? Tienes una vida demasiado llena

A veces hay períodos en los que nuestros días parecen insípidos y vacíos y, en cambio, al mirar más de cerca, resultan ser lo contrario: demasiado llenos, ¿pero de qué? Pensamientos rutinarios, predecibles, acciones automáticas: ¡ya no tenemos espacio para esos gestos espontáneos y vitales que darían “sabor” a nuestros días! Escuchen esta historia: Alberto es un profesor de secundaria, tiene 36 años, le gusta el trabajo, pero está convencido de que está borracho. Su objetivo es un puesto de prestigio en la Universidad, pero está convencido de que ha perdido el tren adecuado y se siente frustrado. Luego la gran oportunidad: un puesto en la facultad gracias a un viejo profesor. Su vida cambia repentinamente, sus sueños se hacen realidad, piensa. Pero, después de su entusiasmo inicial, en pocos meses se siente insatisfecho: no le gusta el nuevo papel y, poco a poco, la rutina lo empuja a la depresión. “Estaba ansioso por cambiar mi vida: nuevas metas, nuevo trabajo, me dije a mí mismo. En cambio, todo iba mal. Un día, de camino al trabajo, tuve un ataque de pánico. Estaba paralizado, tuve que parar y mirar dentro. No podía mentir más: no era vida para mí. Qué tonta había sido, lo tenía todo y lo tiré a la basura por una fantasía infantil: ser importante! Afortunadamente, su antigua escuela se pone en contacto con él para confiarle la coordinación de un nuevo proyecto: una pequeña y gran oportunidad que le entusiasma esta vez. Fue la incomodidad lo que liberó a Alberto de los patrones mentales que lo habían enmarcado, permitiéndole ver en su vida el significado que antes no podía captar.

Leer también: cambiar la identidad, viene la felicidad

Llene con energía si crea un vacío

Pero, ¿qué podemos hacer si todo nos parece de mal gusto? Paola escribe: “Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, mis días parecen ser la continuación de un día único e interminable….”. Muchos se quejan de una existencia en blanco y negro, atrapados entre rutinas tediosas y hábitos cristalizados. Son como esclavos de sus propios automatismos: en una vida cotidiana llevada a cabo por la inercia, el entusiasmo da paso a la resignación. Luego, la insatisfacción se apodera de la situación. Marco escribe una frase emblemática: “No me pierdo nada, no tengo problemas, es que… ¡no pasa nada! Nada bueno y nada malo. Me siento tan vacía”. Sin saberlo, Marco pronunció la palabra mágica: vacío. ¡Lo que para él es el síntoma de su malestar, es en cambio el antídoto que el alma está ideando para él!

Así que haces florecer la felicidad natural

¡Olvida los clichés y la alegría viene por sí sola!

Este es el verdadero problema: no tenemos una vida vacía, si acaso demasiado llena, llena de prejuicios mentales que nos impiden ver con claridad. Hemos prohibido lo inesperado, considerándolo peligroso y poco fiable, pero la sorpresa es la forma preferida que tiene la felicidad de entrar . Perdidos como estamos en los clichés, consideramos anormales incluso nuestros estados emocionales, cuando se desvían de la norma. Impedimos la aparición de todo lo que nos perturba: la ira, la euforia, la pasión, los celos, la excitación son para nosotros intrusos y no mensajeros de lo “nuevo” que intenta emerger en nuestras vidas. ¿Cómo puede la vida llevarnos de la mano si ni siquiera queremos cambiar nuestro camino? Necesitamos vaciar nuestra conciencia de los pensamientos redundantes que nos hacen parecer sensaciones permanentes y situaciones pasajeras. Sólo expandiendo nuestra clausura mental podemos entrenar nuestra mirada interior y disfrutar de su poder transmutador a lo largo de nuestros días.

Abandonar ideas estancadas

En la medicina psicosomática es habitual trazar un paralelismo entre el cerebro y el intestino: anatómicamente similar en su juego de circunvoluciones, ambos absorben el exterior (impresiones y alimentos) y lo procesan, reteniendo lo útil (información y emociones, nutrientes) y eliminando lo inútil. Si el intestino se libera de los desechos a través de las heces, de la misma manera el cerebro olvida lo que no importa. Las repeticiones cansadas de acciones estándar y los patrones mentales sobrecargan el cerebro, a medida que la indigestión ralentiza el intestino. Son pensamientos estancados: lamentar constantemente la forma física del pasado, buscar en nuevos compañeros algo de los primeros de los que nunca nos hemos separado completamente, culpar a un padre por un error de hace veinte años…. Son “desechos” que no nos permiten evolucionar porque congestionan el cerebro, al igual que los desechos bloquean el intestino.

Los hábitos excesivos nos hacen fracasar

“Sara me dejó y he estado enfermo desde entonces. Estábamos tan bien juntos, todo estaba tranquilo, teníamos nuestros propios ritmos, nuestros propios hábitos…. De repente me dijo: “Me siento vacía, ya no te quiero”. Estoy haciendo todo lo que puedo para recuperarla, sin ella siento que me estoy volviendo loco”, dice Daniele. El suyo es un error muy común, pero al actuar de esta manera el dolor sólo puede aumentar. Si, por otro lado, aceptara el acontecimiento y el sufrimiento, se daría cuenta de que la paz era ahora una jaula para Sara, que la separación era inevitable y probablemente beneficiosa para ambos…. ¡Los hábitos son la prisión de la felicidad! Según algunas investigaciones neurocientíficas, llevar una vida habitual, sin estímulos ni pasiones inhibiría la producción de neurotransmisores de felicidad, incluyendo endorfinas y serotonina. Por lo tanto, lo que consideramos crisis (de pareja, de trabajo, con amigos….), en realidad, son intentos de romper hábitos y, aunque sea de forma dolorosa o abrupta, de favorecer una reorganización beneficiosa del proceso psíquico. Es como si el cerebro estuviera equipado con una válvula providencial que se abre cuando el nivel está lleno. La reacción más común a estos eventos es querer volver a poner las cosas en su sitio “como antes”, pero esto dificulta el proceso espontáneo, llevando al cerebro a un nivel de saturación que reduce a cero la energía vital y nos hace sentir infelices.

L a la felicidad de las pequeñas acciones

Como bien sabían los antiguos griegos, para encontrar la felicidad es necesario empezar a captarla en pequeños gestos cotidianos, para estar totalmente presente en tus acciones, especialmente en las acciones mínimas de la vida cotidiana. Ya sea que estés haciendo tu trabajo, disfrutando de un café o re-gobernando la cocina, mientras lo haces tienes que estar ahí, en cuerpo y alma. El “truco” es simple: observarse a sí mismo mientras actúa, convertirse en observación pura, sin llenar sus gestos con comentarios, juicios o pensamientos sobre sus problemas y objetivos . A medida que la conciencia observadora va tomando el control, disfrutando del placer de hacer cada gesto con calma, se hará cargo de los pensamientos y abrirá el espacio a las habilidades creativas que no están expresando. Aprenderás, poco a poco, a actuar con una “mente libre”. Es un ejercicio formidable que entrena la mente para percibir sus propios estados de felicidad interna y tiene la capacidad de “reajustar” el cerebro, haciéndolo vivo y receptivo. De esta manera cada acción diaria deja de ser trivial, como creemos erróneamente, y se convierte en un cofre de tesoros.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *