¿Te sientes viejo? Es hora de renacer

Tener 40 años y sentirse el doble de viejo. Hoy en día, no son sólo los ancianos los que se sienten legítimamente viejos, sino también las personas de mediana edad e incluso los adultos jóvenes. Algunos ejemplos: “Me siento viejo” puede ser pronunciado por un hombre de cuarenta años con una vida amorosa ligeramente estática, por una mujer de treinta y cinco años que todavía no ha tenido hijos, por una mujer de cuarenta y cinco años que entra en la menopausia, por un joven de treinta años que no puede encontrar trabajo porque se le considera “demasiado cualificado”, o por una persona de cincuenta años que, después de una vida laboral, es despedida por un recorte de personal y ya no es capaz de obtener una entrevista para un nuevo trabajo.

Abolir la palabra “ahora”

Los medios de comunicación sólo enfatizan la importancia de mantener jóvenes, eficientes, estéticamente bellos, alegres, siempre en movimiento. Y si fuera precisamente esto tener que ser joven a toda costa para asegurarse de que, cuando una persona atraviesa un “período sin sentido”, el espectro de “ser inútil” se manifiesta con todo su ajuar de pesimismo? He aquí una de las peores palabras del vocabulario: ahora. Como si los juegos estuvieran “ahora” hechos, como si ya no hubiera nada más que hacer para tener una vida digna y plena. Cuando uno se siente así a los 30, 40 o 50 años, significa que ha llegado el momento de cambiar.

Sólo una parte de usted está al final de la línea

¿Qué punto de inflexión podría ser? Sentirse viejo significa que una cierta forma de ser en la realidad -existencial, profesional, amorosa, paternal- ha llegado a su fin: quizás los niños han crecido y ya no se puede ser una madre a tiempo completo. Tal vez un amor ha llegado a su fin y no puedes resistirte sólo por gratitud. O un trabajo ahora te causa más aburrimiento que cualquier otra cosa. La dificultad para enmarcar estos temas, para aceptarlos como un desarrollo natural, a veces el miedo al cambio hace que el alma se vea obligada a enviarnos una señal más fuerte para sacudirnos, aunque sea disfrazada; es entonces cuando te sientes vieja. Este sentimiento no parece hacernos sentir al final, sino porque en la vida que vivimos hay poca pasión, hay poca inversión emocional, o porque nos hemos dedicado en cuerpo y alma a proyectos que, en definitiva, no nos permiten expresar nuestra verdadera vocación. La sensación de cansancio, como todas las sensaciones, habla de ahora, no es un juicio del futuro.

Es hora de una nueva génesis: la tuya!

Este momentáneo sentimiento de vejez es, por lo tanto, una fase fundamental del desarrollo personal. La humanidad siempre ha evolucionado y encontrado soluciones extraordinarias, antes consideradas imposibles, justo cuando entraba en una fase de “vejez”, es decir, un período en el que el cansancio era palpable, había poco vigor, no había oportunidad. Y así es también a nivel individual: sentirse viejo requiere una “palingenesis” (del griego: un nuevo nacimiento). Un renacimiento que, de alguna manera, es impulsado por los acontecimientos, por la situación. Cada uno, por supuesto, debe encontrar su propia génesis personal que será diferente para la mujer que se siente tocada antes de los cuarenta, para el hombre que se siente fuera de juego a los cincuenta, o para el niño que se siente cansado a los veinte. Sentirse viejo, después de todo, no llama a la persona a un pequeño cambio, sino a un nuevo nacimiento. Es una nueva y gran fase de la vida.

No se deje llevar por la melancolía

La frase “me siento viejo” y todas las demás frases relacionadas (por ejemplo “es tarde” o “me siento inútil”) se vuelven arriesgadas cuando van acompañadas de una actitud sumisa y un tanto complaciente, a pesar de la incomodidad. Como si fuera un placer haber encontrado un rincón cálido para quejarse. Atención, esta actitud puede bloquear la evolución interior. Es fundamental, pues, dejar de dar vueltas para decirlo y mantener ese sentimiento dentro de uno mismo, porque sólo así, como decían los alquimistas, se puede concentrar y transmutar, convertirse en otra cosa.

Intenta decirte a ti mismo: ahora es mi turno

A menos que haya golpes de suerte clamorosos y repetidos, nadie vendrá a sacarnos de nuestra supuesta “vejez”. Pero no porque otros sean malos, sino porque es nuestro trabajo salir de este punto muerto. Cualquiera que sea la causa (externa o interna), estamos llamados a una nueva iniciativa. Y lo que es seguro es que debemos poner en marcha una parte de nosotros que aún no conocemos. Ahora es el momento.

Experiencias inusuales cambian su apariencia

Para promover la transformación, es crucial experimentar un yo diferente y desconocido. Al principio, la imaginación nos ayuda: por ejemplo, imaginar un nuevo trabajo, amistades e intereses diferentes de los habituales, un estilo de vida que nunca habíamos concebido. Luego, una vez que esté familiarizado con estas imágenes, puede tomar acción al tratar de traer algunas de estas cosas nuevas a su vida diaria. Fundamental: no rendirse después de los primeros fracasos naturales.

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