Técnicas psicosomáticas para el sueño profundo

Entre las diferentes formas de insomnio, una de las más molestas es la dificultad para conciliar el sueño. Si ya lo estás sufriendo, sabes lo que significa permanecer, durante horas, con los ojos abiertos en la oscuridad, girando en tus mantas y pensamientos. Pero tal vez no sepas que hay técnicas específicas que pueden resolver tu problema “pasando por alto” todas las causas antiguas y presentes, profundas o superficiales. Sí: técnicas que actúan sobre el síntoma, como un psicofármaco, pero con una gran diferencia: la amabilidad del gesto y la ausencia de efectos secundarios.

Las consecuencias del insomnio

He aquí tres cifras muy recientes de la Organización Mundial de la Salud: 40 veces el aumento del riesgo de depresión, 10 veces el aumento del ausentismo laboral, 20% menos de eficiencia laboral que los insomnes crónicos.

El ejercicio

– Utiliza una habitación sin muebles en el centro. Crear una luz suave y vaporizar en el aire, con el difusor especial, 5 gotas de aceite esencial de naranja o lavanda.

– Tomar una bobina de hilo de lana ligero y, partiendo del borde exterior de la habitación, construir una espiral de círculos concéntricos (al menos 5) que se desarrollen en sentido contrario a las agujas del reloj en el suelo.

– Luego, dando la izquierda al centro de la habitación, comienza a caminar lentamente siguiendo el hilo, con el cuerpo suave y relajado, el vientre suave, la cabeza apenas reclinada sobre el hombro izquierdo.

– Gira a lo largo de la espiral, sin hacer preguntas, e imagina que está pasando por las volutas del caparazón del caracol, desde el punto más exterior hasta el punto central.

– Cuando llegas al centro, empiezas a cansarte. Te sentirás mareado, ansioso de bostezar y, al cabo de un rato, de “acurrucarte” allí donde estás, en el punto más protegido del caracol.

– Cuando el deseo de acurrucarse, cerrar los ojos y “renunciar a todo” se vuelve intenso e incontrolable, llegas a la cama y te escondes bajo las sábanas.

Por qué funciona

– Elimina el cerebro de las referencias habituales

– Barre los pensamientos y recuerda

– Afloja la tensión muscular

– Crea el deseo de “soltar”

– Nos vuelve a poner en contacto con el cuerpo

A través de este “caminar” en espiral, nos desprendemos de los pensamientos que nos mantienen aferrados al día y nos abandonamos a la noche.

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