Terapia de pareja: ¿realmente funciona?

Sandro, lector de Riza Psicosomática, escribe: “Por desgracia, mi matrimonio está en crisis desde hace tiempo. No podemos entendernos, hablamos demasiado y la sexualidad es mínima. Mi esposa, incluso con el consejo de algunos amigos, dice que deberíamos hacer una terapia de pareja, pero yo me resisto porque me parece que hablar de nuestros problemas con un extraño no puede llevar a nada. Pero no estoy seguro. ¿Este tipo de terapia de doble sentido realmente funciona?”.

Todavía hay muchos prejuicios, especialmente por parte de los hombres, contra esta forma de terapia, pero esto revela la dificultad masculina generalizada de contactar con emociones profundas y ponerlas en juego. El temor de que un extraño pueda hacer sugerencias sobre cuestiones privadas es una resistencia inconsciente a la apertura de un nuevo diálogo con la pareja. En realidad, el hecho de que sea un extraño -y al mismo tiempo un “técnico”- es una garantía de imparcialidad y objetividad. A diferencia de un amigo o pariente, el terapeuta permanece fuera del aspecto emocional y puede tratar los problemas sin involucrarse. Esto es esencial, especialmente en situaciones de tensión como la crisis de una pareja.

Hacia una posible nueva complicidad
Dicho esto, hay que aclarar un punto: ninguna psicoterapia funciona “en sí misma”. Más allá de la técnica y del terapeuta, que también son importantes, tres cosas cuentan en primer lugar: la voluntad, la constancia y la lealtad de los que confían en ella. Por lo tanto, si existen estas premisas en ambos cónyuges, una terapia de pareja puede hacer una contribución válida a la solución de una crisis. Esto no garantiza que ambos vayan a redescubrir necesariamente los esplendores del pasado: a lo sumo obtendrán una mayor claridad de los problemas, una mejor capacidad de comunicación, una serie de sugerencias personalizadas para redescubrir la comprensión y el erotismo. Entonces serán necesariamente los dos socios quienes, en su vida privada, tendrán que transformar esta nueva conciencia en una nueva forma de complicidad y equilibrio. Si tienen éxito, bueno. De lo contrario, tendrán muchas más herramientas y sensaciones más agudas para decidir qué hacer en el futuro.

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