Timidez: ¡Conviértela en tu arma ganadora!

“Buenos días, doctor, ¿puedo pasar? Siento molestarle. ¿Llego temprano? ¿Dónde puedo sentarme?”. Esta presentación en la primera sesión no deja lugar a dudas: Eleonora tiene o cree que tiene un buen problema, una súper timidez ! Así dice: “Ya no soy una niña, tengo 36 años, pero mi timidez no ha cambiado, tanto en términos de trabajo como de amistad. ¡Y no hablemos de amor! Es difícil incluso para mí dejar un mensaje en el contestador automático o decir algo gracioso en una cena de negocios. Empiezo a sonrojarme, mi corazón late como loco, mi boca se seca y no puedo hablar libremente. Me siento estúpida e inmadura por comportarme así, es como si siempre me sintiera incapaz y torpe y temerosa del juicio de los demás. A veces hago cosas aún peores: por ejemplo, tengo que revisar las cosas una y otra vez mil veces porque me temo que me equivoqué. Hasta que el colega al que le rompo las cajas no hincha y me dice que lo detenga, porque soy bueno y siempre trabajo muy bien. Aquí está la respuesta del psicoterapeuta: “Esto prueba una cosa: su problema no es el juicio de los demás, como tú crees, sino el suyo. Las personas que sufren de timidez excesiva son jueces demasiado estrictos de sí mismos, se miden con un metro demasiado rígido, pero luego piensan que todo nace fuera, de otros. En cambio, el conflicto es todo en sí mismo”. “¡Es verdad, nunca lo había pensado!”, dice Eleonora, un poco sorprendida. “Siempre trato de ser bueno para los demás. ¡Pero es para mí que no me va bien! Pero, ¿por qué me juzgo tan duramente?”

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¡Detenga al juez, siempre es usted!

“La idea que molesta a la gente tímida es ser brillante y seguro de sí mismo a toda costa. Tienen un modelo a alcanzar y no se dan cuenta de que es demasiado forzado. Siempre deben mejorar. Eleonaora guarda silencio durante unos instantes, como si estuviera persiguiendo sus recuerdos. “Desde que era niña, todo lo que hacía por mis padres nunca era suficiente. Nunca lo había pensado, pero en realidad siempre estaba contenta con lo que me hace “una buena chica”, como me pidieron, pero desde ese momento me quedé atascada”. Cada uno debe seguir su propio camino, desarrollar su propia singularidad. Si intentamos adaptarnos demasiado a las imposiciones del exterior, el alma se rebela y crea un bloqueo y aquí está la timidez . Por supuesto que este bloque nos hace sufrir, ¡pero lo contrario sería peor!

Sólo haz “tuyo”

La timidez de Eleonora es muy útil si lo miras de la manera correcta: trata de bloquear tu adhesión acrítica a los estándares externos. Hay dos casos: o bien se convirtió en un robot moldeado en todos los aspectos por sus padres, pero se perdió a sí misma, o algo llegó, como timidez , para mantener su singularidad en secreto hasta que “alguien” viniera a despertarla, como la bella durmiente de los cuentos de hadas. La timidez quiere salvar lo lejano, la verdadera naturaleza, manteniéndola oculta. Así que, cuando escuchas los síntomas de timidez llegar , tienes que darles la bienvenida como aliados que te ayudan a ser tú mismo y no como una copia de los clichés. Después de un ciclo corto de sesiones la terapia termina. El terapeuta se ha visto afectado recientemente: Eleonora está bien y ni siquiera ha tardado mucho. Ha reflexionado sobre sus actitudes, ha aprendido a aceptar la timidez , no la combate, deja que el juez interno se desvanezca. Está más tranquila y, cuando se va, está aprendiendo a abrirse y a decir lo que piensa….

Cuanto más exitoso eres, más temes no ser digno de ello

Eleonora también sufre de un malestar conocido como “síndrome de impostor”. Es la condición mental de alguien que, a pesar de haber logrado éxitos bien merecidos, siempre se siente indigno o indigno a pesar de la evidencia objetiva de lo contrario. Como si una voz dijera: “¡No soy realmente bueno, es mentira! Tarde o temprano me van a descubrir. Las mujeres que logran buenos resultados en el trabajo en entornos puramente masculinos y no confían en sus capacidades son las que más sufren. Les sucede a aquellos que por razones educativas encuentran vergonzoso disfrutar de sus éxitos y a aquellos que tienen un fuerte sentido del deber y creen que siempre deben cumplir con las expectativas de los demás.

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