Todos somos ángeles y demonios.

Sabrina escribe a la redacción de Riza Psicosomatica:

“En julio de este año perdí a mi padre por una enfermedad grave; tenía 63 años. Su muerte nos trajo una gran tristeza a mí y a mi familia. Yo estaba muy apegado a él, lo consideraba un ejemplo, pero desgraciadamente no era exactamente lo que parecía: nos dejó muchas deudas. Poco a poco estamos resolviendo las cosas, pero siento sentimientos contradictorios hacia él.
¿Cómo puedo pensar en él sin resentirme de cómo nos dejó y escondió todo hasta el final? Se veía bien, parecía que nos amaba.

Cuando ocurren hechos como los descritos por Sabrina, es fácil quedar atrapado en la incomodidad. Una persona que tanto amamos desaparece y aparece en su lugar aparece una verdad que nunca quisimos conocer. Esa persona no era quien pensábamos que era, nos sentimos tan nacidos dentro de nosotros sentimientos nuevos y perturbadores. Sentimos incredulidad, frustración, rabia: ¿cómo podría hacernos algo así? Obviamente no nos amó como pensábamos y como parecía…

En el fondo todos somos buenos y malos

Todo es comprensible, dirás, pero las cosas no son tan simples. La mente vacila y no puede aceptar que un padre amoroso pueda dejar a su familia en medio de la deuda. Se veía bien, dice Sabrina, pero obviamente no lo era. Por el contrario, si vamos más allá de los estrechos confines del pensamiento racional, descubrimos (en nosotros mismos y en los demás) un mundo mucho más complejo, la psique profunda e inconsciente, donde todo encuentra su opuesto, donde la codicia se combina con la generosidad, la fuerza con la fragilidad, la desvergüenza con la vergüenza?

Necesitamos una mirada auténtica a nosotros mismos

Cualquiera de nosotros, si miramos con cuidado y sin filtros, descubre fácilmente que estamos “habitados” por mil contradicciones: quizás el padre de Sabrina no pudo hacerlo y fue víctima de la imagen de un padre cariñoso e irreprochable que quería dar de sí mismo. Así, ha escondido en las sombras sus dificultades, sus límites, sus fracasos, que han resurgido en su partida. Si hace suya esta forma de ver las cosas, Sabrina podrá vivir en paz con los sentimientos contrastantes que siente hoy por su padre; es decir, podrá hacer que el amor conviva con el resentimiento, con la dulce memoria y con la ira por los problemas que él ha traído a la familia.

La contradicción es la primera característica del mundo interior

La mente superficial lucha por aceptar tales contradicciones, la psique profunda lo hace diariamente, porque el inconsciente es un contenedor de características opuestas. No se trata de hacer prevalecer la memoria benévola o de sustituirla por otra diferente, llena de amargura. El juego no es cambiar radicalmente la opinión y por lo tanto caer en la misma trampa (antes era Dios, ahora es el diablo), sino aceptar que cada persona contiene lados brillantes y soleados como oscuros y sombríos. Todos son buenos y malos a la vez. Su acogida, sobre todo dentro de sí misma, permitirá a Sabrina superar este difícil momento y conservar una imagen más fiel de su padre.

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