Toma tu propio camino!

Uno nunca presta atención, pero una actividad aparentemente rutinaria como conducir un coche en realidad estimula mucho el inconsciente: por esta misma razón, a menudo parece ser la causa desencadenante de los ataques de pánico. Casi siempre, para estas personas, conducir se hace imposible debido a la ansiedad: el recuerdo de ese primer ataque y el miedo de que pueda volver a ocurrir despierta el miedo y nos mantiene alejados de la conducción. Esto revela el significado oculto de este gesto cotidiano: conducir un coche significa independencia, autonomía, libertad. Para alcanzar estos “objetivos” es necesario tomar el “camino propio” y seguirlo hasta el final. Para ello, hay que respetar los propios tiempos, sin atenerse a las reglas que nos imponemos a nosotros mismos o que otros nos imponen…. conducir, pero también en la vida.

El miedo a los accidentes Seguir cumpliendo las reglas que el mundo nos obliga a seguir nos lleva inevitablemente a ser ciegos ante lo nuestro y a no respetar nuestra propia naturaleza. Un ejemplo lo cuenta Chiara, una de nuestras lectoras, que dice: “Tengo 34 años y llevo este problema dentro de mí desde hace 15 años: conducir. Es lo único que me aterra. Cada vez que conduzco, aparecen escenarios apocalípticos que me ponen rígido. Mis amigos y padres tratan de animarme a conducir más rápido y con más facilidad, pero todo esto sólo empeora la situación. Mi mayor terror es causar accidentes y herir a mis seres queridos.

Si pierdes tu ruta, algo dentro de ti la recupera Como en el caso de Chiara, la ansiedad viene a visitarnos por una razón muy específica: nos advierte que no estamos escuchando algo muy importante dentro de nosotros. Todo el mundo tiene un camino natural que recorrer, y si lo pierde, el alma lo encontrará de nuevo: al hacerlo, envía señales molestas al cuerpo, como las que se manifiestan con ansiedad o ataque de pánico. La única solución a este tipo de problemas es dejar de escuchar a los demás, sus reglas y consejos, que pueden ser adecuados para ellos, pero que pueden no serlo para nosotros. Al mismo tiempo, abandonar los modelos en los que nos hemos identificado. Cada persona tiene una dirección innata que tomar, y la primera persona a la que debemos aprender a no decepcionar es a nosotros mismos, sin miedo a decepcionar o lastimar a los demás.

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