Toma tus malos pensamientos

A menudo confundimos lo que nos gustaría ser con lo que realmente somos, creando un sufrimiento interior innecesario para nosotros mismos. Una de nuestras lectoras, Marta, nos escribe: “Estoy felizmente casada y tengo dos hijos maravillosos de 22 y 20 años. No extraño nada, pero no entiendo por qué no me siento bien conmigo mismo. Creer que todo es perfecto en la vida es el primer error que se puede cometer; inevitablemente el inconsciente se rebela y prepara “malas sorpresas”, o viene el dolor, como dice Marta. El escritor Kahlil Gibran solía decir: “Tu dolor es la ruptura de la cáscara que encierra tu entendimiento. Así como el grano del fruto debe romperse para que su semilla pueda recibir el sol, así también debes conocer el dolor. El autor quiere decir que a menudo los sufrimientos que sentimos son “necesarios” para lograr un auténtico autoconocimiento, tan indispensable como la luz solar para la semilla.

Los malos pensamientos y prejuicios “Los malos pensamientos” son energías misteriosas que forman parte de nuestra esfera psíquica. Así como el día y la noche coexisten naturalmente, así también los pensamientos “malos” y los “buenos” tienen los mismos derechos de ciudadanía en nuestras mentes. Incluso entre los malos pensamientos, por lo tanto, uno puede encontrar una manifestación de nuestro ser: son los patrones mentales y los prejuicios del Ego los que nos impiden observarlos y recibirlos naturalmente. Así que nosotros mismos no queremos aceptarlos porque nos identificamos en la “buena gente” y sólo con nuestro lado bueno. De la misma manera no aceptamos que hay “maldad” en nosotros porque nos sentiríamos sucios e imperfectos.

Explora tu mundo interior
El propósito de nuestra vida no es mejorar, sino acercarnos a la esencia que habita en nuestra interioridad, con el alma de exploradores que van a tierras desconocidas sin saber lo que van a encontrar. Debemos hacer lo mismo y tener el mismo asombro. Esos malos pensamientos han venido a visitarme y debo estar listo para mirarlos y darles la bienvenida como invitados que vienen a mi casa. Ay de mí si trato de cerrar sus puertas: mi alma se volvería árida, y haría lo contrario, provocando que cayera en depresión, insatisfacción o ansiedad.

La perfección te hace infeliz
Tratando de “liberarnos” de los malos pensamientos, luchando contra ellos y oponiéndonos a ellos, puntualmente los hacemos más fuertes. Lo que tenemos que hacer es cambiar nuestro punto de vista y ver las “carcomas malditas” no como una maldición, sino como un tesoro. La idea de tener que ser a toda costa una persona perfecta intoxica el alma y así los pensamientos “malos” vienen… ¡a salvarnos! Lo que tenemos que hacer no es deshacernos de ellos, sino percibir su presencia cuando llegan y eso es todo. Quiero reconocerlos, no despedirlos, sino simplemente contemplarlos. Si los acepto y los miro, entonces pueden desvanecerse y no se convertirán en dolor crónico, sino en conciencia y nueva serenidad.

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