Trastorno límite de la personalidad: características, síntomas, tratamiento

El trastorno límite de la personalidad siempre ha sido un “problema” para la psicología. En primer lugar, por su difícil colocación diagnóstica: el término borderline en inglés significa borderline y originalmente su uso en un entorno clínico indicaba a aquellos sujetos que no podían caer en las categorías clásicas de neurosis y psicosis, poseyendo características de las dos grandes generalizaciones psiquiátricas que se remontan a los albores del psicoanálisis. Hoy en día, las principales directrices internacionales tienden a considerarla un desorden por derecho propio, con sus propias características, yendo implícitamente más allá del concepto de patología fronteriza que, en principio, había caracterizado el enfoque de los sujetos fronterizos.

Aquellos que lo padecen tienen una emotividad incontrolable….

Si es difícil situar esta patología precisamente dentro del amplio espectro de los trastornos mentales, es más fácil definir la característica principal de trastorno límite de la personalidad : una seria incomodidad de la relación y de la emotividad, derivada de una relación muy difícil y controvertida con uno mismo. El sujeto fronterizo vive su vida cotidiana con niveles emocionales excesivos, a veces explosivos y en cualquier caso extremadamente variables y con un sentido perenne de precariedad respecto a su identidad personal: quién soy, qué quiero, por qué me pasan ciertas cosas….

…lo que dificulta las relaciones sociales

Como resultado de esta inestabilidad emocional, los sujetos fronterizos tienen grandes dificultades para establecer relaciones sociales duraderas y estables de amistad y afecto. Esta característica significa que las personas con un trastorno de personalidad límite tienen un impacto considerable en la vida de las personas cercanas a ellas, especialmente los parientes cercanos, también porque la edad de inicio del trastorno suele ser la adolescencia. La mayoría de las escuelas de psicología creen que la base de este trastorno es un factor hereditario (los estudios sobre gemelos tenderían a confirmarlo), y que muy a menudo hay una asociación con eventos traumáticos muy graves sufridos por los sujetos durante la infancia, principalmente abuso sexual o físico. Sin embargo, hay temas límite que no entran en estas categorías.

No existen medidas a medias

Una tendencia típica de quienes la padecen es una polarización y oscilación extrema del juicio, consistente con la teoría junguiana de la coexistencia en la mente humana de factores psíquicos opuestos, que en la frontera parecen estar completamente divididos entre ellos. Para los temas limítrofes sólo hay “blanco y “negro”, bueno y malo, amor u odio, sin término medio. Detrás de esta dicotomía no hay un proceso racional, sino una pasión muy fuerte (infantil, por lo tanto extrema), que estalla en un uso automático de mecanismos arcaicos de defensa de lo que más temen las fronteras: el abandono, la experiencia inaceptable que les hace sumergirse en la angustia y la desvalorización, en la base de la conducta (auto)destructiva y auto-ayuda propia de la enfermedad.

Trastorno límite de la personalidad: diagnóstico y tratamiento

El manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5, gracias a su metodología dimensional, ofrece la posibilidad de establecer la “severidad” del trastorno límite y las áreas específicas por las que se caracteriza.

El Trastorno de Personalidad Limítrofe será entonces determinado por un criterio principal definido por dos factores:

  • Deterioro del funcionamiento del yo, es decir, de una imagen inestable de sí mismo, sentimientos de vacío/soledad, inestabilidad en los objetivos y ausencia de planificación;
  • Deterioro del funcionamiento interpersonal caracterizado por una preocupación generalizada de ser rechazado y abandonado y, al mismo tiempo, por el temor de que una intimidad excesiva pueda ser peligrosa.

El segundo criterio sólo se tiene en cuenta si el paciente presenta un cuadro clínico que se ajusta al primero y se refiere a los siguientes aspectos:

  • Afectividad negativa, es decir, labilidad emocional combinada con síntomas de ansiedad y depresión;
  • Desinhibición, expresada por la tendencia a la impulsividad y al comportamiento de riesgo;
  • Antagonismo, o la tendencia dominante a la hostilidad.

Estos rasgos deben ser estables en el tiempo, no atribuibles a características socioculturales y producir los siguientes comportamientos típicos:

1) esfuerzos continuos para evitar las deserciones, reales o imaginarias

2) relaciones inestables e intensas, alternancia entre idealización y demonización del otro

3) imagen y percepción de sí mismo inestable y tendencialmente negativa

4) impulsividad en al menos dos áreas potencialmente dañinas: promiscuidad sexual, abuso de sustancias, conducción imprudente, atracones compulsivos, pugnacidad.

5) amenazas recurrentes de comportamiento suicida, gestos demostrativos de autocuración. Riesgo más alto que el promedio de suicidio que otros trastornos mentales.

6) ansiedad episódica e intensa, que suele durar unas pocas horas, y sólo en raras ocasiones más de unos pocos días.

7) Sentimientos crónicos de vacío interior.

8) Ira desmotivada y acceso frecuente a la ira.

9) concepción paranoica, o síntomas disociativos transitorios severos, relacionados con el estrés.

Tratamiento de los trastornos límite: Pautas principales

El tratamiento del trastorno límite de la personalidad requiere casi una psicoterapia estructurada a medio/largo plazo, en los casos más graves con el apoyo de la psicofarmacología. El aspecto más importante a considerar es el preventivo, ya que no existen escuelas o modelos psicoterapéuticos de elección en el tratamiento de estos trastornos. Cuanto antes se realice el diagnóstico, antes se podrá dirigir a los enfermos a los tratamientos más adecuados, teniendo en cuenta que la relación terapéutica es el aspecto más importante y problemático hacia el límite al mismo tiempo.

En el ámbito terapéutico, de hecho, las dinámicas relacionales del paciente se activan profundamente, lo que puede llevarle a idealizar al terapeuta (hasta formas similares a enamorarse), pero también a devaluaciones muy rápidas de la misma y consecuente interrupción del tratamiento. Para mantener la continuidad necesaria para el tratamiento, es muy importante que el terapeuta tenga la solidez y la experiencia necesarias para contener los aspectos extremos del sujeto, evitando caer en la “trampa afectiva” que la frontera siempre pone en marcha, dividida como está entre una necesidad extrema de amor y el terror de perderlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *