Tus defectos son tesoros: conviértelos en aliados

Si quieres empezar a sentirte bien, lo más importante es dejar de considerar defectos ciertos aspectos de nosotros, sólo porque comúnmente “no nos gustan” estos lados del personaje pueden llegar a ser muy útiles, mientras que sólo la imagen “perfecta” a la que nos gustaría parecernos es ineficaz y limitada. Para dejar de juzgarnos duramente y empezar a ver las faltas por lo que realmente son, este ejercicio imaginativo de relajación puede ser útil: “Cierre los ojos, póngase en una posición relajada y respire profundamente. Ahora imagina que tu mente es una casa grande, una de esas viejas villas en medio del campo. Entra en un largo pasillo con vistas a muchas habitaciones, cada una diferente de las demás en estilo y mobiliario. Ahora imagina que los defectos que te “atormentan” y te hacen sentir mal son invitados que vienen a visitarte con regalos para traerte. Celos, rabia, inseguridad: Acogedlos y haced que cada uno de ellos se acomode en una de las muchas habitaciones de vuestra casa. Después de hacerlos sentarse, imagínese cerrando la puerta detrás de usted y dejando los defectos donde los puso. Ahora vete a una habitación de la casa donde te sientas completamente a gusto: los defectos están en sus habitaciones, pero sabes que fueron útiles y que te trajeron, como huéspedes amables, también agradables sorpresas. Cada uno de ellos te ha enseñado que también tienen algo positivo…”

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Usar imágenes y aceptar sus fallos

No es raro escuchar historias de personas que, precisamente por este problema, deciden emprender un camino de psicoterapia. El tema central es siempre el mismo: “Dentro de mí hay aspectos del personaje que considero feos, defectos que me gustaría eliminar de mi vida. Este es el caso de Lucía, que nos cuenta en un correo electrónico que pasó su infancia en un pueblo remoto del campo. Cuando sus padres se mudaron a la ciudad, se encontró en una escuela donde todos parecían mejor preparados que ella, pero sobre todo más presuntuosos y con más ganas de parecer siempre los mejores. A Lucía la ignoraron y se burlaron de ella. Entonces se quedó atascada, decidió estudiar mucho y también comenzó a hacer un deporte en el que a menudo ganaba: en pocas palabras, quería que la consideraran un deporte duro también. Como adulta en el trabajo, sus críticas dieron lugar a ataques de ira muy fuertes, escaló su agresividad de manera excesiva y respondió mal, pero también hizo muchas cosas malas. En terapia preguntó: “Leí que también debemos amar las cosas que no nos gustan, nuestros defectos , pero ¿cómo lo haces? La respuesta es simple, es saber usar las imágenes: “Querida Lucía, cierra los ojos e imagina que su ira tiene el rostro de una niña caprichosa para abrazarla y hacerla sentir amada. Lucía lo hizo: “Con los ojos cerrados abracé a aquella niña y ella se endulzó, me sonrió… No lo creí pero, haciendo este ejercicio unas cuantas veces, mi ira caprichosa fue desapareciendo poco a poco…”. Simplemente hazlo con todos los lados que consideremos defectos , y sus lados angulares se desvanecerán por sí solos….

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