Un matrimonio es saludable sólo si no apaga el eros.

Marido y mujer, aún angustiados por las secuelas de una prodigiosa resaca, hablaban de la fiesta salvaje que habían organizado la noche anterior. “Cariño, estoy un poco avergonzada -comenzó el marido-, pero me gustaría mucho saber si fue contigo con quien hice el amor anoche en la biblioteca. Durante unos segundos mira a su marido con cara de desconcertado y le pregunta: “¿A qué hora? Con esta ingeniosa historia, Osho esboza una de las muchas maneras en que la sexualidad nutre los corazones de las parejas para que puedan huir. La flauta de Eros, de hecho, sigue tocando con voz tierna y dulces melodías siempre diferentes: melodías que se unen a la gran música del mundo. ¿Qué quieres de nosotros? Sólo lo escuchamos, dejando de lado nuestro Ego, los prejuicios, los miedos, el pasado. Y que le permitamos entrar en nosotros sin resistencia: encender esa chispa en el alma que sólo puede destellar en los momentos del presente. Eros, sin embargo, nunca se rinde pero, como nos recuerda el gran sabio indio Krishnamurti, “llama a nuestra puerta todo el tiempo, trata de abrir nuestras ventanas para que podamos ver más; y si, movidos por el miedo, cerramos las puertas y cerramos las ventanas, él llamará aún más fuerte”.

Eros: seguro de vida para cada pareja

El primer enemigo de Eros es el miedo

Por supuesto, la pareja puede ser sorda a su llamada. Puede taparse los oídos con la cera de los prejuicios y de los esquemas obsoletos: ahora es la ilusión de poseer la totalidad de la pareja; ahora es la esperanza de gobernar la relación según un modelo ideal; ahora es el miedo a enfrentarse a lo desconocido. Ahora, sobre todo, es el prejuicio de creer que el vínculo de pareja es inmutable: “Si los lazos se consideran definitivos e irrevocables -explica Bertrand Russell al respecto-, no se estimulará la imaginación para desear una felicidad eventual y más completa y diferente”. Todo esto impide que una relación se rejuvenezca y si el amor que no se renueva cada día se convierte en un hábito y finalmente en una esclavitud, al hacerlo, el amor deja espacio para el sentimiento de una extrañeza mutua y el eros sólo puede eclipsar. Para evitar escondernos en las sombras de los hábitos establecidos, intentamos ser secuestrados por ese misterioso lenguaje que se expresa en el silencio interior de la pasión: un lenguaje tejido como un tapiz de los muchos hilos de los momentos positivos vividos, de los deseos latentes que tratan de expandirse, de todo lo que alimenta el deseo de nuestra unicidad. Entonces descubriremos que Eros es similar a un sueño que emerge como un resplandor repentino de la oscuridad del sueño, para iluminar la conciencia y hacernos evolucionar.

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