Usar los recuerdos de la manera correcta

Los recuerdos son un campo minado para aquellos que sienten que tienen asuntos pendientes con el pasado. Alguien dice: “Los momentos de la vida que pasé con él me atormentan. Incluso las cosas pequeñas provocan recuerdos: un camino, un objeto…. ¿Por qué vienen?”. Uno vive entre el deseo de ponerle una piedra y el renacimiento continuo de la mente. Cuanto más queremos borrarlos, más resurgen los recuerdos que nos hieren. Alguien más dice: “De niño mi hermano me tiranizó, y desde entonces siempre me han tratado mal”. ¿Es eso cierto? ¿O somos nosotros los que interpretamos los recuerdos según un guión mucho más reciente, el de los pobres desafortunados?

Test: ¿Qué tan pesados son tus recuerdos?

Los recuerdos son para toda la vida hoy

Pongamos la perspectiva patas arriba: ¿y si en cambio los recuerdos guardan un tesoro? El alma no hace nada inútil, no nos trae un recuerdo que nos haga sentir mal o nos sumerja en la nostalgia. No necesitamos que nos consuelen, no necesitamos que alguien nos diga: “Pobrecita sufriste, mejor cojea”; ¡necesitamos darnos cuenta de que podemos caminar! Y el alma lo sabe: el cerebro nos trae recuerdos no para atraparnos, sino porque necesita esa energía, esa emoción para preparar algo en el futuro. Los recuerdos sirven al futuro, no al pasado . “Se me ocurrió cómo jugaba de niño, me perdí en ese recuerdo y eso me hizo tener muchas ideas para mi trabajo. Esa es la actitud correcta. Llega un recuerdo: ¿adónde quieres llevarme? ¿Qué quieres que descubra? ¿Qué lado de mí aún no ha nacido? Y la aventura comienza de nuevo.

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Cinco pasos para transformar los recuerdos en energía

1) Si los recuerdos aparecen esporádica o continuamente, en primer lugar no intente desmontarlos. Si son dolorosas y llegan como espesas, perciben el dolor, lo asimilan, lo dejan expandirse por unos segundos, permitiéndole así realizar su función, que es siempre transformadora, nunca punitiva.

2) No interfiera con los pensamientos: no haga comentarios (“Aquí, de nuevo”, por ejemplo), no suspira, no sopla, no hace preguntas y sobre todo no evoca causas o defectos que en su opinión están detrás de esos hechos. Las causas que puedes ver ahora nunca son las verdaderas causas: están filtradas por tiempo, por perspectivas, por mil otros eventos que no puedes evaluar bien. Deja que la memoria se expanda: la necesitas pura.

3) Sintetizar la memoria en unas pocas imágenes significativas, que se pueden aislar y crecer en la mente. Siente lo que sentiste, reactiva las mismas emociones y sentimientos, siente la energía de ese momento. Incluso si es negativo, contiene elementos preciosos que aún no has digerido, de lo contrario no volverían. Pero todavía están demasiado crudas, hay que metabolizarlas.

4) Piensa en la situación de la que has aislado esas imágenes, vuelve a repasarlas y empieza a fantasear: haz que vivan en una historia diferente a la que sucedió, sin recriminaciones ni espíritu de reparación, sólo por el hecho de ver lo que sucede, como una aventura en la que también puedes conocer personajes fantásticos. Continúe por unos minutos y luego regrese a sus actividades.

5) De vez en cuando evoca la aventura imaginada durante unos segundos, especialmente cuando te sientes más difícil.

Vuelven para que usted los haga

Algunos recuerdos distantes son una especie de mensaje en clave que el alma utiliza para hacer que encuentres los caminos que te pertenecen. Y cuando “siempre regresan”, el mundo interior te recuerda que hay algo sólo para ti, un viaje que debes emprender que es tu propia responsabilidad, y que sigue posponiendo. La memoria es el billete para el viaje, nada más. Fijarse en él es como tener un billete sellado en el bolsillo. Pero el tren tiene que salir. Con este ejercicio consigues que las energías internas se muevan de nuevo y pronto se enfrentarán con preguntas: ¿qué estoy omitiendo en mi vida de auténtico, espontáneo, natural? La memoria es un rastro, sirve para recordarte que estás en camino a tu realización.

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