Vacío mental, tu antídoto contra el estrés.

Otium: es una palabra muy antigua, muy utilizada por los romanos, traducida al italiano como “ociosidad”, “ociosidad”, popularmente llamada también “dulce sin hacer nada”. Tomemos un caso: esta es una palabra que ya no se usa hoy en día, porque indica una actividad que ya no tiene cabida en nuestras vidas. No tanto porque realmente no hay tiempo, hay poco, pero si quieres puedes encontrarlo, sino porque los modelos en los que estamos inmersos lo han quitado literalmente. La sociedad de la hiperproductividad, la eficiencia y el rendimiento no proporciona que una persona pueda en algún momento estar inactiva y haga todo lo posible para evitar que esto suceda, encontrando todas las formas de entretener y distraer, mejor si se gasta dinero. No hacer nada se ha convertido en algo más que dulce: los que a veces se encuentran allí se sienten extraños, casi culpables, culpables de no ser activos, comprometidos, útiles. Tanto es así que, cuando tienes tiempo para “no hacer nada”, muchos no lo consiguen: es como si nuestro sistema nervioso ya no fuera capaz, o nunca lo ha sido, porque se ha acostumbrado a utilizar el tiempo de forma selectiva.

Por qué la inactividad es buena

La ociosidad es una necesidad básica de nuestra psique. No coincide con tener un hobby, no es engañar al aburrimiento o llenar un vacío. Perezoso significa hundirse suavemente en la ausencia de compromiso, de metas, de prisa, de formas de acción definidas. Más que “no hacer nada”, deberíamos llamarlo: “hacer LA NADA”, es decir, permanecer en una especie de vacío mental, libre para vagar y espaciar. Este “no hacer” es muy útil para el mantenimiento de la salud psicofísica. En primer lugar, es un factor fuertemente reequilibrante: la salida de la acción finalizada “reajusta” el sistema nervioso, es una pausa útil para centrarse en cualquier exceso o deficiencia. Al mismo tiempo, al reducir considerablemente el consumo de energía, facilita los procesos de regeneración tanto física como mentalmente y hace que el reinicio sea fructífero.

Renovar la personalidad

Pero estas son sólo las ventajas más visibles. No es casualidad que hablemos de “dulce” sin hacer nada: la dulzura es el elemento más importante. Cuando experimentamos el no hacer nada no como conflicto o culpa, sino como verdadero placer, se convierte en una forma de libido, es decir, un momento en el que nuestra energía profunda logra liberarse. Una vez suspendidas todas las actividades finalizadas, queda el puro placer de sentir para existir, o simplemente de sentir: una experiencia fundamental que abre las puertas a otros grandes beneficios. El “estancamiento” psicofísico momentáneo, vivido con dulzura, puede llevarnos a un nuevo razonamiento (intuiciones, reelaboraciones, ideas), decisivo para la renovación de nuestra personalidad y para el dinamismo psíquico. No hay que olvidar que la ociosidad reduce en gran medida el nerviosismo. Precisamente porque la persona se permite salir de todo compromiso, ya no necesita mostrar intolerancia o irritabilidad y puede manejar todo lenta y tranquilamente. Tenemos que encontrar esta dimensión de nuevo, incluso en medio de los muchos compromisos. Es una verdadera revolución. Y no podemos esperar a que la vida, la sociedad, el trabajo, la familia y los amigos nos concedan, de común acuerdo, momentos de respiro. Sólo nosotros podemos tener la voluntad de devolver a nuestras vidas esa dimensión que, en muchos casos, no hemos vivido desde la infancia.

Tiempo libre

Automáticamente, usted tiende a ocupar todo su tiempo libre. Hay cientos de manuales hechos específicamente para saber qué hacer con ellos. Sin embargo, no hay guías que le ayuden a encontrar el camino de regreso a la vida sin hacer nada. No te preguntes: “¿Qué voy a hacer?” sino que llegues sin planes. La dulce ociosidad sucede, no puede ser calculada.

Defiende tus espacios

El mundo que te rodea exige que hagas algo a toda costa, que seas activo y productivo. El “vacío” debe ser defendido de las interferencias, de las peticiones que llegan en un flujo continuo, pero también del sentimiento de culpa que viene de dentro. El tiempo libre, en definitiva, debe ser liberado y defendido.

Saborea el momento

No te preguntes, en medio de un momento de vacío, qué podrías haber hecho y qué no. Más bien, disfruta de esos momentos como si fueran una actividad real, agradable además. La mente debe aprender a vincular el “tiempo inútil” al placer, a la regeneración.

Seis pequeños trucos para resolver la mente

  1. Dedicado a pequeñas cosas inútiles como vagar o husmear.
  2. Tener una charla relajada, sin compromiso.
  3. Escuchar el ruido del entorno, mirar a los demás haciendo cosas.
  4. Estás parado en un banco, frente a una vista.
  5. Mira a un animal de tu elección (a ellos les gustan los insectos…) que hacen sus vidas.
  6. Tome un baño para una relajación pura.

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