¿Volver a ser como antes? Mejor que no

Carlo nos envía este mensaje: “Hace tiempo que estoy triste e insatisfecho porque las cosas no van como me gustaría…. También he estado en terapia porque me gustaría encontrarme de nuevo, volver a la vieja, pero no me he beneficiado mucho: siempre me siento “enfermo”, creo que nada nuevo entrará en mi vida…”. Muchos lectores escriben a la redacción de Riza psicosomática quejándose de problemas similares a los de Carlo. ¿Por qué sucede esto? ¿Qué podemos hacer para salir de este círculo vicioso? Partamos de una simple consideración: las palabras que nos decimos a nosotros mismos pueden llevarnos a comportamientos que nos hacen sufrir y nos harán sufrir o “fertilizar nuestro mundo interior” con las semillas del bienestar. La frase que nos hace sufrir: Quiero “encontrarme a mí mismo” Cuando dices: “Quiero encontrarme a mí mismo”, cometes un gran error. Las molestias vienen precisamente a borrar lo que creemos que somos, a poner en crisis nuestra personalidad ficticia, a eliminar una mentalidad superficial, que la mayoría de las veces va en contra de nuestra naturaleza más profunda. “Lo que eras antes” es exactamente lo que te enfermó. La tristeza viene precisamente a romper tu idea de ti mismo. La oscuridad que trae a nuestras vidas está destinada a barrer todas sus certezas creando un espacio interior vacío para que renazcan. Mientras persistas en querer “encontrarte a ti mismo”, reforzarás tu parte “enfermo”, que ve una realidad siempre la misma . La frase que nos hace sanar: “Observo lo que sucede inesperadamente cada día” Nuestra alma, o más bien nuestra naturaleza más profunda y auténtica, adora la palabra “inesperado”. Cuando durante demasiado tiempo seguimos el mismo cliché y asumimos las mismas actitudes hacia la vida, la interioridad se rebela, nos pone tristes e insatisfechos. Entonces, ¿qué podemos hacer para no cronicizar estas molestias? El alma sólo necesita una cosa para hacer las cosas bien: que nos demos cuenta de lo que está pasando . Notar significa sentir la incomodidad en el momento en que llega y descubrir, durante el día, si ha ocurrido algo inesperado. Con esta mirada “doble”, por un lado liberamos el alma de sus dolores y, por otro, nos damos cuenta de que cada día tenemos una novedad, que necesita una mirada atenta para ser vista.

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